Parto vaginal después de cesárea? Si, se puede!!
MI
ACOMPAÑAMIENTO EN UN PVDC– 21/02/2017
G tuvo su
primer bebé hace 2 años. Le practicaron una cesárea innecesaria. Por una
ecografía en la semana 39 dijeron que su bebé pesaría más de 4 k y el médico
decidió que no se arriesgaría a un parto por ese peso y los asustó
responsabilizándolos ante cualquier problema que pudiera surgir. No quiso
esperar a que se desencadenara el parto, ni darle la oportunidad de probar las
capacidades naturales de su cuerpo y fisiología. Cabe aclarar que justo venía
el fin de semana largo de carnaval y que hacía 2 meses les había anunciado que
si era una cesárea les cobraría a parte… Su bebé pesó 3,800 k… Bronca e
indignación los llevó a no volver más a ese médico y cambiar inmediatamente a
uno reconocido por su respeto y confianza en la fisiología del parto, y que
además confía en que sí se puede tener un parto después de una cesárea.
Durante su
segundo embarazo, G, vino a prepararse al curso(por segunda vez, porque ya
había venido con el primero), y su marido la acompaño varias veces. Con
confianza buscaban su parto y así, bien conectados, pero muy a último momento,
decidieron contratarme como su doula. Yo estaba complicada con otro
acompañamiento y compromisos en esos días pero quedamos en que gustosa los
acompañaría si me era posible.
Pasados mis
compromisos me encontré libre para estar ese día.
G me llamó
el 20/02 a las 8.15 am para contarme que el día anterior había estado con
contracciones pero que desde las 4 am eran más dolorosas y cada 10,7 o 5
minutos con una duración de 45 segundos y que hacía media hora que eran cada 5
minutos. Se había hecho un baño de inmersión. Por su voz supe que aún faltaba.
Le dije que bajara las luces, que se conectara con su bebé, a lo que respondió
que ya estaba en ese plan. Me comuniqué con el papá, que estaba por llevar a su
hija a lo de la abuela para poder estar
tranquilos. Le había ofrecido a G de desayunar pero no había querido. Le
recordé que mantuviera el nivel de adrenalina bajo y que seguramente faltaba.
Quedamos en hablar cuando regresara a su casa. Aproveché, mientras tanto para
bañarme, preparar mi bolso, llamar a mi compañero para que estuviera listo para
llevarme en cuánto me lo pidieran y dejar las cosas en orden en mi casa.
Llegué a las 11.20 y G estaba en la cama
descansando, relajada y respiraba
profundo en cada contracción. Me recosté a su lado por un rato para evaluar un
poco la situación, pero siempre en silencio y en paz, y luego le sugerí al papá
que lo hiciera para que él también se calmara y descansara. Les puse música (la
que usábamos practicando la relajación en los encuentros), y me retiré a
acomodar mis cosas e instalarme.
A las 12.30
estaba con contracciones cada 7/10 minutos. Le ofrecimos comer pero no quiso.
Tenía un botellita con agua y bebía de vez en cuando. La dejamos tranquila en
su cuarto y almorzamos, con el papá. Conversamos y le bajé la ansiedad ya que
estaba muy pendiente del ritmo de las contracciones, la duración y las
estadísticas, haciendo cálculos del tiempo que podría faltar, etc. Le expliqué
que lo más importante era observar la actitud y la intensidad, que por lo que
yo veía aún faltaba. A las 2 pm nos fuimos todos a descansar (ellos en su
cuarto, que manteníamos oscuro y yo en el living). A 3.30 pm se sentó en la pelota. En las
contracciones se apoyaba en la cama, sobre el papá o sobre mí. Luego se puso en
cuatro patas apoyada en la pelota. No quiso masajes durante las contracciones
pero si entre ellas, en el sacro y la zona lumbar. A las 4 quiso salir a
caminar con el marido pero fue corto ya que hacía mucho calor. Al volver
todavía conversaba entre contracciones y le pidió al marido que fuera a comprar
algo para tomar. Decía que le costaba inspirar pero que largar el aire con una
O silenciosa le aliviaba. Bebimos sentados en el living. Subió al cuarto de su
hija que es más espacioso, se recostó de lado en la cama, luego se puso en
cuatro patas con la cabeza sobre almohadones. Le alivié el dolor haciendo
contrapresión con el rebozo, con las manos, con dos pelotas de tenis (siempre
entre las contracciones). Nos turnamos con el papá. 6.30 pm se intensificaron las contracciones y eran cada
5 minutos y ya estaba más metida en su planeta. A las 7 le preparé un baño con
aceite de lavanda (previo ver si le gustaba el aroma), apagué las luz, coloqué
una vela y música. Estuvo allí por una hora, primero sentada y luego en 4 patas
sobre la pelota. De las 8 a las 8.45 las contracciones eran cada 4/5 minutos.
Estaba dolorida, en planeta parto. Fue cambiando de posiciones, en la pelota,
acostada de costado, cuclillas, cuatro patas. Seguimos con masajes en la baja
espalda, contrapresión. Le pase por el cuerpo el rebozo suave para ayudar a
relajarse. Le coloqué compresas frías en la frente, cuello, axilas. Le agradaba,
y de vez en cuando me lo volvía a pedir. En algunos momentos jadeó suavemente.
Manifestaba cansancio y que quería ir al hospital. A las 8.50 el papá habla con
el médico. Le sugiere esperar dos horas más.
Sentía naúseas, le alcanzo una palangana, y a las 9.30 vomita. Mientras
el papá arregla todo yo la sigo acompañando. Estaba tranquila, en silencio,
respirando, atravesando cada ola uterina con entrega y relación. A las 10 pm
salimos para el hospital. Iba atrás recostada de lado con una almohada,
dolorida. Le costó bastante el viaje.
Llegamos al Austral a las 10.50 pm. Iba diciendo que no daba más y que
iba a querer peridural. La revisan en la guardia y tenía 3 cm de dilatación. La
mandan a caminar y que vuelva en dos horas. Se frustra, se enoja, se niega a
salir a caminar. Todos sentimos frustración ya que habían pasado muchas horas.
Pero había que apoyarla, animarla, tomar el control para darle fuerzas. Quería
que la internaran, y la mandaban de vuelta? No quería moverse de la sala de
espera y no podía tomar una decisión. Salí por un ratito para pensar y para
calmar mi propia frustración, para no transmitírsela. Le dije al papá que había
que tomar el control y teníamos dos opciones: o volvíamos a la casa a dormir
todos o la llevábamos a caminar. La noche estaba linda para caminar. Como no se
quería mover, él le sugirió salir y una vez que estuvieran en el auto le
prometió llamar al médico. De esa manera ella aceptó pero al bajar solo quería
dormir. Me senté en la parte trasera y ella se acostó sobre mis piernas con una
almohada y durmió. La escuchaba respirar en cada contracción y también yo
dormí. A los 30 minutos se despertó y su ánimo era distinto, más animado. Como
hacía calor decidieron ir a los sillones de la sala de espera que estaba
fresco. Ya eran las 2 am del 21/2. Todos descansamos. A las 2.50 subimos para
que la revisaran y a las 3.15 ya estaba con 5/6 cm, con cuello totalmente
borrado y deciden ingresarla. Me voy
cambiando, el papá va a tramitar la internación y la llevan a sala de partos y
con 7 de dilatación le dan la peridural y le rompen la bolsa. A las 4 am
estábamos ya con el papá en sala de partos, sólo nosotros, con luces bajas,
música y esperando silenciosamente (yo estada en un rincón y él a su lado).
Ella con otro semblante, seguramente aliviada por la peridural estaba muy
relajada, sentada en la cama con el
monitoreo. A las 4.45 llegó el médico, la revisa y estaba con 10 cm. G,
sorprendida, se alegró. No podía creer que ya estaba con dilatación completa.
En ese momento se me llenaron los ojos de lágrimas por la emoción, lo estaba
logrando y solo faltaba muy poco. (en un momento se acabó la música y el médico
me dice: se acabó, vuelvan a ponerla) Con G todavía acostada, el médico realiza
una maniobra durante las contracciones y mientras ella puja para ayudar a la
posición de la cabeza del bebé. Cuando está bien posicionado, reclinan la cama
para que quedara más sentada, y con las piernas flexionadas y los pies
apoyados, le dicen que empiece a pujar, la dirigen y le indican retener el
aire. G había practicado este tipo de pujo y supo hacerlo perfectamente aunque
no sentía grandes ganas de hacer fuerza. El papá le sostiene la cabeza, el
médico realiza maniobra de Kriteller muy suavemente, la partera trabaja sobre
el periné y yo observo de lejos. Cuando la cabeza corona le sugieren al papá
que se acerque a ver cómo nace su bebé. Como ella queda sin nadie su lado, me acerco
para sostener a G en cada contracción. Le recuerdo relajar la cara, la
garganta, visualizar el canal del parto y a su bebito y dirigir la fuerza y
respirar profundo entre contracciones. Pujando en dos contracciones, 5.25 nació
el bebé. Se lo pusieron en su pecho y lo abrazó emocionada. A los 15 minutos
alumbró la placenta en perfecto estado. Cortaron el cordón y el bebé lloró. Lo
llevaron a revisar en compañía del papá. Yo me quedé al lado de ella mientras
le suturaban un desgarro de 5 puntos. Expresó su alegría. Había logrado su
PVDC!! La pasaron a una cama y con el
bebé en sus brazos los llevaron a la habitación. A las 6.10 el bebé se prendió
al pecho. Estaba muy alerta y miraba a su madre. Ella estaba radiante de
felicidad, de satisfacción! Era hermoso verlos así de conectados! A las 7.30 el
papá me acompañó a la entrada del hospital y, mientras yo esperaba que me
vinieran a buscar, manifestó su agradecimiento y que consideraba que había sido
fundamental mi acompañamiento. Él también se sintió contenido y seguro. Le dije
que habíamos hecho un muy buen equipo y que me sentía muy agradecida por su
confianza. También se sintió mal por su experiencia, o inexperiencia, anterior
(si hubiéramos…). Le dije que no tenía caso culpabilizarse por lo pasado, que
ese había sido su camino de aprendizaje, de crecimiento, y que no había que
arrepentirse de nada. Fue la manera en que ese ser había venido a este mundo y
ese nacimiento los había llevado a tomar consciencia y a hacer las cosas de
otra manera.
Con este
acompañamiento aprendí que estar presente no significa actuar en todo momento,
que hay que estar silenciosa, sugerir y respetar las necesidades, que el papá
necesita también contención, espacio para salir y despejarse un rato, que no
somos los de afuera los que hacemos el parto, sino la mamá, y corroboré que una
madre que se estuvo preparando durante el embarazo no necesita muchas
explicaciones, que solo un gesto mío es suficiente para que se dé cuenta de qué
es lo que le sugiero, utiliza los recursos naturalmente, se relaja y respira
sin que se lo tenga que decir, se coloca en posiciones que su cuerpo ya tiene
registrados y los utiliza porque está conectada con su cuerpo, con lo que le
pasa, entonces no hace falta recurrir al lenguaje. La sola presencia
silenciosa, cariñosa, sin estar observando la tranquiliza y ayuda. También que
es fundamental, para un PVDC, la elección de un equipo médico que confíe y
acompañe. El papá me contó cómo el médico había confiado en ella desde el
principio, dándole la seguridad y la confianza en sí misma necesarias, qué
siempre le había afirmado que sí podría lograrlo.
G me
escribió al día siguiente del parto: - Muchas gracias por todo!!!! Fuiste
nuestra salvadora! En otro mensaje me puso: - Fue todo tan arduo… De verdad siento
que parimos los tres! Vos, P y yo. Y el gordo por supuesto!
Felicitaciones
a esta madre que se mantuvo fuerte, conectada, relajada, confiada, entregada, y
logró el parto que tanto deseaba. Al papá que entendió su rol de protector, la
necesidad de mantener bajo el nivel de adrenalina, trabajó conmigo haciendo el
mejor equipo para facilitar el nacimiento de su bebé.
Yo feliz y
emocionada por haber podido ser parte del gran milagro de la vida. Agradecida y
celebrando otro nacimiento respetado!
Inés
Cassagne – Educadora Prenatal – Doula
Obstetra:
Héctor Beccar Varela
Partera:
Verónica
Hospital
Austral