Inaika

lunes, 6 de marzo de 2017

Parto vaginal después de cesárea? Si, se puede!!

MI ACOMPAÑAMIENTO EN UN PVDC– 21/02/2017

G tuvo su primer bebé hace 2 años. Le practicaron una cesárea innecesaria. Por una ecografía en la semana 39 dijeron que su bebé pesaría más de 4 k y el médico decidió que no se arriesgaría a un parto por ese peso y los asustó responsabilizándolos ante cualquier problema que pudiera surgir. No quiso esperar a que se desencadenara el parto, ni darle la oportunidad de probar las capacidades naturales de su cuerpo y fisiología. Cabe aclarar que justo venía el fin de semana largo de carnaval y que hacía 2 meses les había anunciado que si era una cesárea les cobraría a parte… Su bebé pesó 3,800 k… Bronca e indignación los llevó a no volver más a ese médico y cambiar inmediatamente a uno reconocido por su respeto y confianza en la fisiología del parto, y que además confía en que sí se puede tener un parto después de una cesárea.
Durante su segundo embarazo, G, vino a prepararse al curso(por segunda vez, porque ya había venido con el primero), y su marido la acompaño varias veces. Con confianza buscaban su parto y así, bien conectados, pero muy a último momento, decidieron contratarme como su doula. Yo estaba complicada con otro acompañamiento y compromisos en esos días pero quedamos en que gustosa los acompañaría si me era posible.
Pasados mis compromisos me encontré libre para estar ese día.
G me llamó el 20/02 a las 8.15 am para contarme que el día anterior había estado con contracciones pero que desde las 4 am eran más dolorosas y cada 10,7 o 5 minutos con una duración de 45 segundos y que hacía media hora que eran cada 5 minutos. Se había hecho un baño de inmersión. Por su voz supe que aún faltaba. Le dije que bajara las luces, que se conectara con su bebé, a lo que respondió que ya estaba en ese plan. Me comuniqué con el papá, que estaba por llevar a su hija  a lo de la abuela para poder estar tranquilos. Le había ofrecido a G de desayunar pero no había querido. Le recordé que mantuviera el nivel de adrenalina bajo y que seguramente faltaba. Quedamos en hablar cuando regresara a su casa. Aproveché, mientras tanto para bañarme, preparar mi bolso, llamar a mi compañero para que estuviera listo para llevarme en cuánto me lo pidieran y dejar las cosas en orden en mi casa.
  Llegué a las 11.20 y G estaba en la cama descansando,  relajada y respiraba profundo en cada contracción. Me recosté a su lado por un rato para evaluar un poco la situación, pero siempre en silencio y en paz, y luego le sugerí al papá que lo hiciera para que él también se calmara y descansara. Les puse música (la que usábamos practicando la relajación en los encuentros), y me retiré a acomodar mis cosas e instalarme.
A las 12.30 estaba con contracciones cada 7/10 minutos. Le ofrecimos comer pero no quiso. Tenía un botellita con agua y bebía de vez en cuando. La dejamos tranquila en su cuarto y almorzamos, con el papá. Conversamos y le bajé la ansiedad ya que estaba muy pendiente del ritmo de las contracciones, la duración y las estadísticas, haciendo cálculos del tiempo que podría faltar, etc. Le expliqué que lo más importante era observar la actitud y la intensidad, que por lo que yo veía aún faltaba. A las 2 pm nos fuimos todos a descansar (ellos en su cuarto, que manteníamos oscuro y yo en el living). A  3.30 pm se sentó en la pelota. En las contracciones se apoyaba en la cama, sobre el papá o sobre mí. Luego se puso en cuatro patas apoyada en la pelota. No quiso masajes durante las contracciones pero si entre ellas, en el sacro y la zona lumbar. A las 4 quiso salir a caminar con el marido pero fue corto ya que hacía mucho calor. Al volver todavía conversaba entre contracciones y le pidió al marido que fuera a comprar algo para tomar. Decía que le costaba inspirar pero que largar el aire con una O silenciosa le aliviaba. Bebimos sentados en el living. Subió al cuarto de su hija que es más espacioso, se recostó de lado en la cama, luego se puso en cuatro patas con la cabeza sobre almohadones. Le alivié el dolor haciendo contrapresión con el rebozo, con las manos, con dos pelotas de tenis (siempre entre las contracciones). Nos turnamos con el papá. 6.30 pm se  intensificaron las contracciones y eran cada 5 minutos y ya estaba más metida en su planeta. A las 7 le preparé un baño con aceite de lavanda (previo ver si le gustaba el aroma), apagué las luz, coloqué una vela y música. Estuvo allí por una hora, primero sentada y luego en 4 patas sobre la pelota. De las 8 a las 8.45 las contracciones eran cada 4/5 minutos. Estaba dolorida, en planeta parto. Fue cambiando de posiciones, en la pelota, acostada de costado, cuclillas, cuatro patas. Seguimos con masajes en la baja espalda, contrapresión. Le pase por el cuerpo el rebozo suave para ayudar a relajarse. Le coloqué compresas frías en la frente, cuello, axilas. Le agradaba, y de vez en cuando me lo volvía a pedir. En algunos momentos jadeó suavemente. Manifestaba cansancio y que quería ir al hospital. A las 8.50 el papá habla con el médico. Le sugiere esperar dos horas más.  Sentía naúseas, le alcanzo una palangana, y a las 9.30 vomita. Mientras el papá arregla todo yo la sigo acompañando. Estaba tranquila, en silencio, respirando, atravesando cada ola uterina con entrega y relación. A las 10 pm salimos para el hospital. Iba atrás recostada de lado con una almohada, dolorida. Le costó bastante el viaje.  Llegamos al Austral a las 10.50 pm. Iba diciendo que no daba más y que iba a querer peridural. La revisan en la guardia y tenía 3 cm de dilatación. La mandan a caminar y que vuelva en dos horas. Se frustra, se enoja, se niega a salir a caminar. Todos sentimos frustración ya que habían pasado muchas horas. Pero había que apoyarla, animarla, tomar el control para darle fuerzas. Quería que la internaran, y la mandaban de vuelta? No quería moverse de la sala de espera y no podía tomar una decisión. Salí por un ratito para pensar y para calmar mi propia frustración, para no transmitírsela. Le dije al papá que había que tomar el control y teníamos dos opciones: o volvíamos a la casa a dormir todos o la llevábamos a caminar. La noche estaba linda para caminar. Como no se quería mover, él le sugirió salir y una vez que estuvieran en el auto le prometió llamar al médico. De esa manera ella aceptó pero al bajar solo quería dormir. Me senté en la parte trasera y ella se acostó sobre mis piernas con una almohada y durmió. La escuchaba respirar en cada contracción y también yo dormí. A los 30 minutos se despertó y su ánimo era distinto, más animado. Como hacía calor decidieron ir a los sillones de la sala de espera que estaba fresco. Ya eran las 2 am del 21/2. Todos descansamos. A las 2.50 subimos para que la revisaran y a las 3.15 ya estaba con 5/6 cm, con cuello totalmente borrado y deciden ingresarla.  Me voy cambiando, el papá va a tramitar la internación y la llevan a sala de partos y con 7 de dilatación le dan la peridural y le rompen la bolsa. A las 4 am estábamos ya con el papá en sala de partos, sólo nosotros, con luces bajas, música y esperando silenciosamente (yo estada en un rincón y él a su lado). Ella con otro semblante, seguramente aliviada por la peridural estaba muy relajada,  sentada en la cama con el monitoreo. A las 4.45 llegó el médico, la revisa y estaba con 10 cm. G, sorprendida, se alegró. No podía creer que ya estaba con dilatación completa. En ese momento se me llenaron los ojos de lágrimas por la emoción, lo estaba logrando y solo faltaba muy poco. (en un momento se acabó la música y el médico me dice: se acabó, vuelvan a ponerla) Con G todavía acostada, el médico realiza una maniobra durante las contracciones y mientras ella puja para ayudar a la posición de la cabeza del bebé. Cuando está bien posicionado, reclinan la cama para que quedara más sentada, y con las piernas flexionadas y los pies apoyados, le dicen que empiece a pujar, la dirigen y le indican retener el aire. G había practicado este tipo de pujo y supo hacerlo perfectamente aunque no sentía grandes ganas de hacer fuerza. El papá le sostiene la cabeza, el médico realiza maniobra de Kriteller muy suavemente, la partera trabaja sobre el periné y yo observo de lejos. Cuando la cabeza corona le sugieren al papá que se acerque a ver cómo nace su bebé. Como ella queda sin nadie su lado, me acerco para sostener a G en cada contracción. Le recuerdo relajar la cara, la garganta, visualizar el canal del parto y a su bebito y dirigir la fuerza y respirar profundo entre contracciones. Pujando en dos contracciones, 5.25 nació el bebé. Se lo pusieron en su pecho y lo abrazó emocionada. A los 15 minutos alumbró la placenta en perfecto estado. Cortaron el cordón y el bebé lloró. Lo llevaron a revisar en compañía del papá. Yo me quedé al lado de ella mientras le suturaban un desgarro de 5 puntos. Expresó su alegría. Había logrado su PVDC!!  La pasaron a una cama y con el bebé en sus brazos los llevaron a la habitación. A las 6.10 el bebé se prendió al pecho. Estaba muy alerta y miraba a su madre. Ella estaba radiante de felicidad, de satisfacción! Era hermoso verlos así de conectados! A las 7.30 el papá me acompañó a la entrada del hospital y, mientras yo esperaba que me vinieran a buscar, manifestó su agradecimiento y que consideraba que había sido fundamental mi acompañamiento. Él también se sintió contenido y seguro. Le dije que habíamos hecho un muy buen equipo y que me sentía muy agradecida por su confianza. También se sintió mal por su experiencia, o inexperiencia, anterior (si hubiéramos…). Le dije que no tenía caso culpabilizarse por lo pasado, que ese había sido su camino de aprendizaje, de crecimiento, y que no había que arrepentirse de nada. Fue la manera en que ese ser había venido a este mundo y ese nacimiento los había llevado a tomar consciencia y a hacer las cosas de otra manera.
Con este acompañamiento aprendí que estar presente no significa actuar en todo momento, que hay que estar silenciosa, sugerir y respetar las necesidades, que el papá necesita también contención, espacio para salir y despejarse un rato, que no somos los de afuera los que hacemos el parto, sino la mamá, y corroboré que una madre que se estuvo preparando durante el embarazo no necesita muchas explicaciones, que solo un gesto mío es suficiente para que se dé cuenta de qué es lo que le sugiero, utiliza los recursos naturalmente, se relaja y respira sin que se lo tenga que decir, se coloca en posiciones que su cuerpo ya tiene registrados y los utiliza porque está conectada con su cuerpo, con lo que le pasa, entonces no hace falta recurrir al lenguaje. La sola presencia silenciosa, cariñosa, sin estar observando la tranquiliza y ayuda. También que es fundamental, para un PVDC, la elección de un equipo médico que confíe y acompañe. El papá me contó cómo el médico había confiado en ella desde el principio, dándole la seguridad y la confianza en sí misma necesarias, qué siempre le había afirmado que sí podría lograrlo.
G me escribió al día siguiente del parto: - Muchas gracias por todo!!!! Fuiste nuestra salvadora! En otro mensaje me puso: - Fue todo tan arduo… De verdad siento que parimos los tres! Vos, P y yo. Y el gordo por supuesto!

Felicitaciones a esta madre que se mantuvo fuerte, conectada, relajada, confiada, entregada, y logró el parto que tanto deseaba. Al papá que entendió su rol de protector, la necesidad de mantener bajo el nivel de adrenalina, trabajó conmigo haciendo el mejor equipo para facilitar el nacimiento de su bebé.
Yo feliz y emocionada por haber podido ser parte del gran milagro de la vida. Agradecida y celebrando otro nacimiento respetado!

Inés Cassagne – Educadora Prenatal – Doula
Obstetra: Héctor Beccar Varela
Partera: Verónica
Hospital Austral

martes, 6 de septiembre de 2016

MÁS AMOR Y RESPETO EN LOS NACIMIENTOS. ¿ES MUCHO PEDIR?


Por dónde empezar a escribir… Son muchas las emociones que se agolpan en mi ser; emoción, alegría, satisfacción, orgullo, y hasta cierta serenidad, pero a la vez siento bronca, impotencia, tristeza… todo esto me lleva a escribir estas líneas, porque no puedo quedarme callada, no puedo guardarme todo esto y no hacer nada.

Quiero transmitirlo, agregar mi granito de arena, para que se tome conciencia, para que no pasen más estas cosas, para empoderar a las parejas que van a tener un bebé.  Que se animen a pedir lo que por derecho les corresponde, ser protagonistas del nacimiento de sus hijos, que las dejen parir, que pidan el tiempo que necesitan, intimidad, protección del proceso natural y fisiológico… y esto no es pedir demasiado.

Soy Inés Cassagne, tengo 50 años, tuve 4 hijos hace 26, 24, 20 y 18 años. Hace tres años que empecé a trabajar como educadora prenatal siguiendo el método de Brígida Morgenroth, quién me preparó durante mis embarazos, con tanta sabiduría, calidez y amor. Para mi fue tan importante que desearía que cada mujer llegue al parto y a la maternidad con la confianza y la tranquilidad con la que yo pude llegar. En este camino estaba, cuando buscando instruirme y aprender más, descubrí a las doulas. No tenía idea de su existencia. Me anoté en un curso y me fasciné con la idea de llegar a ser una de esas maternales mujeres, que en silencio, con mucho amor, trabajan para mejorar los nacimientos, para que cada pareja elija lo mejor, según sus creencias y deseos, para el nacimientos de sus hijos. Ellas protegen el momento más importante y sagrado de la vida de las personas. Y así me embarqué en este viaje, estudiando, leyendo, haciendo otros cursos, poniéndome en contacto con ellas, enriqueciéndome de la experiencia y estilos de cada una.

Pero puedo ver cómo han cambiado las cosas(algunas para mejor y otras para peor), o yo tuve suerte con los médicos que me tocaron. Mis tres primeros hijos nacieron en el Sanatorio Mater Dei, el obstetra que me atendió durante el embarazo y asistió el parto fue el Dr. Ángel Fiorillo y la partera, que era de guardia pero siempre tuve la bendición de que fuera la misma y la que yo quería, fue Marta Arias. Mi cuarta hija nació en San Francisco, Córdoba, y mi médico fue el Dr. Daniel Casermeiro y no me acuerdo el nombre de la partera pero era una genia,  super respetuosa, hasta me ayudó a no tener episiotomía, que fue la única práctica médica que me habían realizado con los otros tres. Habiendo recibido la preparación me sentía segura de que no quería la peridural, que solo la pediría si la necesitaba (pero realmente no estaba en mis planes). ¡¡Nadie me la ofreció!! Nunca me pusieron una vía, ni suero, ni perfusión de oxitocina para inducir. Aún con bolsa rota desde las 20 hs , en mi primer embarazo, estuve internada desde las 0.30,con un ingreso con 2 cm de dilatación y con las contracciones que habían desaparecido, hasta la 15.30 que, sin ninguna intervención, solo un monitoreo intermitente,  empezó, sólo, el trabajo de parto. En todas esas horas nadie vino a molestar, me dieron libertad para moverme, solo me trajeron un té porque en esa época todavía se pensaba que no había que comer, y a las 17.35 nació mi beba, con 4,175 k, en la semana 40.
 En el parto de mi segunda hija recibí el mismo trato. En un momento, cuando ya no daba más pedí la peridural, pero la partera que sabía que yo en el fondo no la quería y apoyada por mi marido, y entendiendo ese “no doy más” como el momento de la transición, el momento final y más corto, con mucho tino me hizo meter en la ducha, sentada en un banquito con el chorro que me daba en la espalda. Fue maravilloso y aliviante! Caminando fui a la sala de partos! Allí la beba de 41.2 semanas, tenía que girar y estaba alta. Los dolores eran muy intensos y la beba se movía mucho entre contracciones. ¡Claro, estaba girando! Nadie intervino, nadie me asustó, nadie nombró la palabra cesárea! Solo me hicieron un tacto para ayudarla a girar. Esperaron y así nació Ine, con 4,500 k. El médico, que no era el mío ya que estaba de viaje, después me dijo: “si hubieras sido mi paciente, te hacía una cesárea”. La espera se la debo a la partera. Yo vivía en ese entonces momentos difíciles en mi matrimonio y problemas laborales y económicos, y es probable que me estuviera costando dejar que esa beba llegara a este mundo que no me era fácil, pero la preparación me ayudó a tener la fortaleza y tranquilidad para poder parir(y esto para ver cómo una situación determinada puede inhibir el proceso). En este parto lo pedí, y me dejaron parir en el sillón, cosa que era muy raro en esa época.
Con el tercero fue aún mejor porque además era más chiquito, nació con 3,300 k. Y con la cuarta, de 3,800 k, fue muy rápido, me interné a las 6.30 y nació 8.30. Fue tan rápido que la partera no me creía y no me quería revisar, y cuando logré que me hiciera caso tuvimos que ir a la sala de partos(esta vez en silla de ruedas porque la presión era tan fuerte que no podía caminar).
Como ya mencioné, la única práctica médica fue la episiotomía, que no se cuestionaba mucho en esa época. Hoy en día se sabe que es mejor un desgarro que el corte, aunque todavía hay muchos que la practican por rutina. También recibí enema en el primero, rasurado en el primero y segundo, e hicieron corte inmediato del cordón en los cuatro, todas prácticas que gracias a Dios se han dejado de hacer en general.
¡Realmente me siento bendecida! Tuve la oportunidad de saber que me podía preparar, porque mi madre se había preparado con sus 9 hijos con Brígida, además de haber trabajado con ella por 12 años, y dos de mis hermanas también habían asistido al curso. También tuve la oportunidad de hacer gimnasia durante el embarazo. Por otro lado me tocaron profesionales que supieron esperar, que no apresuraron los procesos, que confiaron en la fisiología y en lo que yo podía lograr, no solo porque mi cuerpo fue diseñado para parir como el de cualquier mujer, sino que sabían que estaba informada, preparada para manejar el dolor con la relajación y la respiración, y así dejaron que yo viviera ese proceso como tenía que ser.

Ahora que acompaño a las embarazadas soy más consciente de lo que viví en los nacimientos de mis hijos, y en la manera que fui respetada.

Escucho sus relatos y veo cómo, a pesar de estar informadas, preparadas, teniendo claro cómo desean traer al mundo a sus hijos, no se las respeta, no se las espera, se las asusta. Llegan a la institución con poca dilatación y les ponen oxitocina sintética. Pero es que son primerizas, no saben aún exactamente cuándo ir… ¿No saben los médicos y las parteras sobre la fisiología, sobre las hormonas naturales necesarias? ¿Por qué acelerar? ¿Por qué poner fecha de vencimiento si se sabe que cuando el bebé está listo para respirar por si solo libera una sustancia que provoca la liberación de oxitocina para que comience el trabajo de parto? Con la oxitocina sintética no viene la gratificación de las endorfinas, el alivio… ¿Cómo manejar así el dolor? Ah! Con peridural… No voy a entrar a enumerar la catarata de intervenciones, que quizás terminan en una cesárea. Y no estoy en contra de la cesárea, cuando es necesaria, ni tampoco en contra de la peridural que en algunos casos se necesita. Solo los pongo a reflexionar sobre la cantidad de cesáreas que se podrían haber evitado, solo con darle a la mujer las condiciones para que el parto se desencadene: protección, intimidad, silencio, luz baja, libertad de movimiento, la posibilidad de sumergirse en una bañadera (o por lo menos una ducha), un solo acompañante, o dos que mantengan el nivel de adrenalina muy bajo… Como dice Michel Odent: “una doula o una partera que esté sentada en un rincón tejiendo o durmiendo”, “el parto no es un proceso al que hay que ayudar, es un proceso fisiológico involuntario al que hay que proteger”.

No quiero terminar mi reflexión sin contarles el motivo que me llevó a escribir.

 Hace dos días fui a acompañar a una pareja que me contrató como doula. Durante 4 meses asistí a su casa, una vez por semana, para hacer una hora de gimnasia y una hora de curso (muchas veces era más de una hora). Esta pareja muy conectada, sensibles, con un interés único como no he visto, disfrutaron, tanto como yo, de cada encuentro. Tengo que decir que muchas veces me iba emocionada de verlos trabajar tan bien, y el ánimo se me iba por las nubes pensando en que valía realmente la pena el viaje que hacía para llegar a su casa. Con tanto amor y conciencia esperaban el nacimiento de su bebita, que hasta último momento no tenía nombre. Con mucha alegría me recibían cada martes, para aprender más, para conectarse con lo que estaban viviendo en cada etapa del embarazo, entre ellos como pareja, cada uno consigo mismo y sus historias, con su tan adorada bebé que estaba en la panza. Durante la práctica de la relajación podía sentir tanta paz.
Cada día los veía más confiados, más empoderados, seguros de lo que querían, a pesar de la contra que recibían de su entorno. Y así llegó el momento de realizar su plan de parto. Creo que se informaron más que yo para hacerlo. Cada punto fue estudiado y reflexionado. Juntos terminamos de darle el toque personal, acorde a sus preferencias.
En la semana 37 decidieron no atenderse con el médico que los seguía, e ingresar al Sanatorio Anchorena por guardia cuando llegara el momento, por lo que el plan de parto se hacía fundamental para que el/los que la recibieran tuvieran en claro qué era lo que deseaban, además de mostrarles que sabían y estaban informados sobre los procedimientos y sobre a lo que al proceso del parto se refiere.
En la última consulta con el médico, monitoreo en perfecto estado, el día miércoles, con una eco de hacía unos pocos días con líquido y placenta también perfectos, él les dice que ya casi en semana 41, el sábado se tendrían que internar. Como no se iban a atender con él, deciden esperar, pero el sábado a las 8 de la mañana pierde el tapón mucoso con algo de sangre. Cuando me lo informa a las 9, le digo que no se preocupe, que es normal algo de sangre y que no le diga a nadie y se quede tranquila, haciendo vida normal. Ya hacía unos días que tenía dolores como menstruales. Todo se iba preparando y solo había que esperar…  
A las 11  de la mañana las contracciones eran cada 3 minutos y duraban 1 minuto y no eran muy dolorosas.
Llegué a la casa a las 13.45 y estaba en la bañadera. Apagué la luz, puse música (la que usábamos en las clases para la relajación) y el papá prendió un par de velas. Me senté en un rincón con los ojos cerrados. Ella estaba tranquila, respiraba profundo en cada ola uterina, y el papá también se relajó en un costado. El ambiente estaba calentito, calmo.
Pasadas una hora y media de estar ahí, salió, yo me fui y el papá la ayudó a cambiarse. Quiso meterse en la cama, semisentada, acomodada con almohadones. Todavía hablaba algo entre contracciones, comió algo, tomó agua.
A las 14.45 las contracciones se hicieron más intensas, tenían una duración de 1,25 minutos y eran cada 3 minutos. Pasó a sentarse en la pelota y con algunos movimientos seguía muy tranquila respirando profundo, se apoyaba en el marido. A eso de las 15.30 dijo que estaba cansada y les sugerí que descansaran. Volvió a la cama y los dos se durmieron. Yo me mantuve en un rincón, dormitando también. La escuchaba respirar de vez en cuando, y seguía durmiendo. Me retiré y los dejé solos. A las 16.15 volví y seguían durmiendo, las contracciones seguían siendo de 1,30 minutos y cada 3 minutos.
A las 17 ya el dolor era más intenso, y a las 17.30 se levantó a caminar un poco, porque le sugerimos que necesitaba moverse. Se apoyaba en la cama, en el marido y respiraba profundo, a veces con algún gemido tranquilo. Ya empezaba a estar en el planeta parto y a decir que era doloroso. En un momento dijo que tenía ganas de vomitar, le traje un recipiente y la invité a hacerlo si quería. Vomitó. Decidimos que era momento de salir. Nos fuimos los tres en un taxi.
Hasta ahí todo iba sobre ruedas. Las contracciones eran muy seguidas y mucho más intensas, pero se mantenía muy relajada, y las sobrellevaba muy bien. Al llegar a la institución, a las 18.15,  estaba con 6 cm de dilatación. Y aquí es dónde me quiero poner a reflexionar, porque toda la tranquilidad lograda fue desprotegida, intervenida, a mi entender no respetada. Yo estaba allí, y como doula no podía seguir apoyando a la pareja, como lo había hecho hasta ese momento. No había tiempo de pensar y pedir. Todo transcurría muy rápido. El papá sacó el plan de parto y la partera, que, ojo, me pareció muy amorosa, sonriente, amable, no se molestó en leerlo. Dijo que no había tiempo, que no podía, que ellos podrían ir diciendo en el  transcurso. ¡Eso era imposible! Una pareja que se toma el trabajo de informarse y prepararse, y realizar un plan, es porque sabe que en esos momentos es muy difícil ponerse a pensar(no tienen que hacerlo), quiere facilitarle las cosas a la persona que lo asiste para no tener que ponerse a hablar y discutir. El solo hecho de tener un plan de parto, en un papel, firmado, da la pauta de que pensaron y decidieron sobre lo que quieren para el nacimiento de su hija/o, y son conscientes de que a veces los planes no salen como lo hubieran querido y están dispuestos a los cambios. ¡El Plan de parto de esta pareja no fue tenido en cuenta! Si lo hubieran leído no le hubieran puesto, como primera medida al llegar, una vía, por la que sacaron sangre, y pusieron dextrosa. La luz fuerte de la salita, la camilla incómoda, las conversaciones en voz alta, gente que entraba y salía, la explicación de lo que le hacían firmar, el monitoreo (por cierto necesario para saber si todo estaba bien) que se lo daban a sostener a ella (me acerqué y lo sostuve yo), el tacto, la explicación sobre la peridural…todo en medio de la serie de contracciones seguidas en la que la mamá trataba de relajarse y respirar profundo y le decían hacelo así o asá. Todo eso despierta el neocórtex, llena de adrenalina a la madre, y no la ayuda. Seguía allí sin decir palabra para poder quedarme lo más posible al lado de esa pareja que quería que yo estuviera, pero la verdad tenía ganas de salir corriendo y volver a la casa, a ese ambiente tan tranquilo y acogedor, quería pedir que no le hicieran todo lo que le estaban haciendo, porque no veía intensiones de dejarla tranquila. Pero también sabía que si nos subía el nivel de adrenalina no estaría ayudando al proceso y la oxitocina podría desaparecer, y le podrían oxitocina sintética, además de que me iban a hacer salir. Por lo que volví a mi paz interior para calmar un poco el ambiente. Me vino bien retirarme a ir a hacer los trámites de la internación(un tema aparte, porque si yo no estaba era el papá quien los tenía que hacer y la mamá no quería que la dejara). Me hicieron leer tres páginas para dar consentimiento de un montón de cosas que ya no recuerdo porque lo único que quería era estar con esa mamá, y me explicaron temas de la hotelería… ¿Es necesario todo eso en ese momento? ¿No se puede hacer antes, durante el embarazo cuando la pareja decide tener su bebé ahí? Volví a la salita y la mamá vomitó dos veces, lo que indica avance en la dilatación. La pasaron a una silla de ruedas y la subieron a la habitación de preparto, apareció el médico que la atendería, se presentó y dijo que todavía no había sala de parto libre y se fue. Las luces todas encendidas, hablaban fuerte. La acomodaron en la cama, colgaron el suero y la partera se fue. Bajamos las luces, pusimos música y ella ya decía que no aguantaba más. Le recordamos que estaba ya en la fase de transición y que no faltaría mucho. Algunos masajes en la espalda la aliviaron. Quise fijarme en la ducha pero no encontré un banquito para sentarla. Le ofrecí de hacer pis, además pensando en que seguramente el inodoro la calmaría, pero enseguida dijo “tengo sed” y salí a buscar agua (me había dejado la botellita en la casa…) y por desgracia me la crucé a la partera que dijo “no, que no tome agua que el anestesista nos mata”. ¡Ya daba por sentado que le pondrían peridural. Corrió a la habitación con unas gasas y le ofreció mojarse los labios. Allí entró el obstetra diciendo que ya se había liberado la sala de partos, agregando “hoy salen todas rápido”… Otra vez la monitorean(la beba estaba perfecta) y se pone, la partera a hablar con el papá, los dos parados a los lados de la mamá, en voz fuerte, y no paraban más… Otra vez tuve que recurrir a mi paz interior y paciencia… fue todo tan rápido, porque 19.20 le hacen un tacto y ya estaba con 8 cm, la sentaron en la silla y la llevaron para poner la peridural. Al papá no lo dejaban estar (aunque en el plan pedían que querían estar juntos en ese caso), así que se fue a cambiar. Ahí fue donde quedé afuera y cerraron la puerta. Volví a la habitación sola, recapitulando, un poco perturbada. Sale el papá y le digo que pida poca peri, y me pide consejos para ayudarla a pujar.
Vuelvo a la habitación, bastante desolada por la prisa y las intervenciones, pero tratando de pensar positivo, porque todo había ido tan bien, rápido, que confiaba en ella.  Sale la partera y me pide que le alcance el monitor. Se lo llevo y le pido que le pongan poca peridural, que venía haciendo un trabajo de parto bárbaro desde la casa (esto también lo escuchó el obstetra que se acercó en ese momento), y me dice que ponen poca. Volvieron a cerrar la puerta.  
Me quedé ahí, tratando de aceptar que ya no podía acompañarlos en persona, ni hacer nada para protegerlos de lo que me temía que pasaría. Allí estaba, muy conmocionada por todo lo que había vivido, sabiendo que me quedaría hasta que naciera para finalizar mi trabajo como doula ( verlos juntos, vinculándose, viendo como comenzaban con la lactancia) con una cantidad de emociones encontradas…cuando aparece una enfermera que me dice que me tengo que ir porque había terminado el horario de visita, que los podría ver al día siguiente. Le expliqué que era la doula y que los había acompañado todo el trabajo de parto y me dice que espere abajo, que al nacer le pediría al papá que me buscara para verlos 5 minutos. Algo es algo, pensé, y me dispuse a bajar. Cuando estoy por tomar el ascensor me topo con toda la familia que estaban esperando… Les digo que está en sala de partos y bajo. No quería quedarme con ellos porque ya no me habían tratado bien antes, cuestionando mi trabajo y las elecciones de sus hijos.
Bajé y me comuniqué con mi compañero al que llamo “mi doulo” porque me contiene, me acompaña, y le pedí que viniera. Me comuniqué con mi grupo de doulas que allí estaban también apoyándome y dándome ánimo. Fui un rato al oratorio y recé. Lloré. Lloré mucho. Por ver tan de cerca este sistema perverso al que nos tenemos que someter si queremos parir en una institución. Un sistema apurado, donde todos se cubren las espaldas, donde no se tiene en cuenta a la persona que está viviendo el momento más importante de su vida, ni a la personita que está llegando a este mundo. Las personas que estaban allí no parecían malas o agresivas, pero el sistema las obliga a hablar, a explicar, a intervenir, y eso si es agresivo para una parturienta. Entiendo que muchas mujeres llegan sin ninguna información, desesperadas por el dolor porque no tienen ningún recurso para sobrellevarlo, que no tienen ni idea cómo funciona su cuerpo en el parto, y solo piden que les saquen al bebé ya. Pero no era el caso de estos chicos, ni el caso de mis otras alumnas, y otras tantas, que se preocuparon por prepararse, por conectarse, y saben cómo manejarse, que saben qué quieren o qué no quieren, que tienen una actitud de entrega y de apertura para enfrentar los cambios en los planes, pero no dejan de ser primerizas que no toman total conciencia de lo que saben porque no lo vivieron, y muchas veces ponen toda su confianza en el médico que las atiende.
Mientras esperaba que mi compañero llegara, nos comunicamos con el papá por mensajes.” La beba está alta, no baja, ¿les propongo cambiar de postura?”. “Si, y que los dejen solos”…” No baja”… “Bajaron los latidos y quieren hacer una cesárea”. “ No puede pujar, está asustada.”. “ La beba se hizo caca y la quieren llevar ya al quirófano”…”Estoy nervioso”. Era momento de tranquilizar al papá y ayudarlo a aceptar lo que estaba pasando para que la ayudara a su mujer a aceptar la cesárea, guiarla para que respirara tranquila así seguía oxigenando a su bebita. Él logró tranquilizarse (eso fue lo que me escribió) y me dijo que ya la operaban. 
A todo esto mi compañero ya había llegado y había tomado una revista que estaba en la sala de espera. Se puso a leer un artículo que escribía una doctora del sanatorio en el que estábamos, sobre El Parto Respetado, y cómo en dicho sanatorio cumplían con la ley en la atención a sus pacientes… Por lo que presencié, ya al no leer su plan de parto, no los estaban respetando (más allá del resultado). En este sanatorio, como en muchos otros, no permiten la presencia de una doula, no las aceptan aún, porque las ven como una amenaza en vez de darse cuenta que favorecen el proceso, por lo que tuve que retirarme sin haber visto a los papás con su beba, sin completar un trabajo que comencé hace 4 meses.

No soy de las personas extremistas o fundamentalistas que creen que es blanco o negro, que es parto en casa para que sea natural (con los riesgos que eso puede conllevar), o parto medicalizado en institución. Tampoco estoy en contra de uno o de otro. El parto en casa, bien programado, con un equipo idóneo que esté preparado con lo necesario para salir al hospital si es necesario, puede ser una opción muy buena si la pareja así lo desea, pero también hay que pagarlo porque el sistema de salud no lo aprueba, no lo cubre. El trabajo de parto en casa y el traslado a la institución para el parto también es una buena opción, pero hay que elegir el lugar que realmente respete el proceso, el trabajo que se inició en la casa, y los deseos de la pareja que llega y que desea o no que le realicen ciertos procedimientos, que quizás necesite la presencia de su doula, y cuando desean eso ( un parto seguro, sin intervención, respetado) también tienen que pagarlo aparte. Creo que el parto en sanatorio es posible, yo misma tuve cuatro partos de esa manera, pero tenemos un gran camino que recorrer. Como dice Michel Odent: “Es tan sencillo lo que hay que entender sobre el proceso del parto, sobre cómo funciona el cóctel de hormonas del amor, sobre cómo hay que evitar que se active el neocórtex para dejar que funcione el cerebro primitivo, etc; pero el condicionamiento cultural es muy, muy fuerte, y los intereses que giran alrededor también…” Creo que lo mejor sería que pudiéramos conciliar.

Cuando escucho los relatos de mis alumnas, a las que no acompaño al parto, o cuando las acompaño que tengo que dejarlos solos en algún momento porque no me dejan estar, me replanteo, cada vez, mi trabajo. Este trabajo siempre supuso hacer que se conecten con lo que viven, con su bebé en la panza, con sus emociones, sus historias,  su cuerpo, con su pareja y con la vida que les espera una vez nacido su bebé, que tengan herramientas para atravesar el dolor, que lo resignifiquen, que logren detenerse y disfrutar, que logren sentirse confiadas porque está en su naturaleza ser madres, que logren tener apertura frente a los cambios y a las dificultades que puedan presentarse, etc. Pero al replantear pienso que además hay que empoderarlas (palabra que está tan en boga hoy en día y no porque sí) para que tengan la fuerza suficiente para enfrentarse al sistema que va a intentar someterlas a lo que ellos quieren o les conviene, insistir en no llegar demasiado temprano a la clínica, a no prestar atención a la fecha de vencimiento si todo está bien, a conocer la Ley de Parto Respetado, a realizar un plan de parto porque  tienen derechos. ¿Hay que enseñarles a defenderse, a luchar, a no endiosar a los médicos? Eso realmente me da mucha tristeza, porque lo que debería ser el momento más lindo y sagrado de la vida, un momento que debería ser vivido con serenidad y alegría, pasa a convertirse en un momento de ¿enfrentamiento, combate? Realmente hay que EMPODERARLAS!… ¿Cuándo van a dejar de pensar en la embarazada como una persona enferma a la que hay que atender y empezarán a acompañarla? Obvio que hay casos especiales pero no son los más. ¿Qué le pasa a la sociedad que piensa que una cesárea programada es lo mismo que un parto vaginal y fisiológico? ¿Cómo pensar que la oxtocina sintética es lo mismo que la natural cuando hay estudios que afirman lo contrario?  Hay quienes dicen que una mujer para parir no necesita que le enseñen cómo hacerlo. Claro, estoy de acuerdo, pero en un sistema así necesita ser preparada, informada, empoderada, adquirir confianza en sí misma, porque el sistema le dice que tiene que ser atendida, que necesita que alguien la asista porque sola no va a poder… Los que acompañamos a parturientas tenemos que dar un giro. Si el sistema de salud no lo da, las educadoras prenatales, las doulas, tenemos que hacer un trabajo previo con las mamás y sus parejas.

Sigo aclarando que no estoy en contra de todo. Sé que  hay circunstancias en las que hay que intervenir, y gracias a la ciencia que nos da posibilidades para salvar vidas. Pero ¿Qué estamos haciendo con lo que transcurre de manera normal, natural y fisiológica? ¿Por qué se asusta a la embarazada con posibles riesgos de los que no se está cien por ciento seguro? Como decir que hay que hacer cesárea porque la ecografía arrojó que el bebé va a pesar más de cuatro kilos, estando en la semana 39, y eso es riesgoso porque puede haber sufrimiento o dislocación del hombro… Le pasó a una alumna!! La asustó tanto el médico, a tal punto de decirle que él no tomaba el riesgo y que la responsabilidad era toda de ellos, que accedieron, sin siquiera intentar un trabajo de parto, y, oh sorpresa, la beba pesó 3,800 k (cabe decir que se venía el fin de semana largo de carnaval…). A mí no me la cuentan!! Tuve 2 hijas de más de 4 kilos y sin anestesia!!

Desde mi pequeño espacio, desde mi humilde lugar, seguiré trabajando para ir cambiando de a poquito, con mucho amor, porque es lo que necesita ese momento de la vida, con paciencia y dedicación, como lo hacen y lo han hecho otras tantas, como mi querida Brígida, porque estamos en el camino para lograr un cambio de conciencia, por que

“Para cambiar el mundo, hay que empezar por cambiar la forma de nacer”, Michel Odent

viernes, 20 de mayo de 2016

Semana Mundial del Parto Respetado


En esta semana se nos invita a reflexionar, a tomar consciencia sobre la manera en que queremos que nazcan nuestros hijos.
Muchos creen que pensar en un "parto respetado" es una creencia new age, o está de moda. Pero no es así. Tenemos evidencia científica sobre la fisiología del parto. Se trata de creer en la capacidad de las mujeres para parir, de no pensar en el parto como a una enfermedad que hay que curar, sino pensarlo como un proceso natural involuntario que precisa de protección y paciencia, que no necesita de intervenciones salvo que hubiera un riesgo real para ambos protagonistas.
Respetar es amar. Cuando amamos confiamos, acompañamos, creemos en el milagro de la vida y podemos extasiarnos en lo sagrado

domingo, 29 de noviembre de 2015

ES NECESARIO HACER EL CURSO DURANTE TODO EL TERCER TRIMESTRE DEL EMBARAZO?


ES NECESARIO HACER EL CURSO DURANTE TODO EL TERCER TRIMESTRE DEL EMBARAZO?

Sí, no solo es necesario sino que es importante tomarse TODO ese tiempo para hacer el CURSO; además de hacer GIMNASIA desde el comienzo del segundo trimestre.

LA GIMNASIA:
Te conecta: - con tu cuerpo y con los cambios que suceden día a día, -con tu bebé que crece en tu vientre y que depende de vos para desarrollarse de forma sana.
El ejercicio también te da numerosos beneficios: tonifica los músculos,ayuda a la buena circulación y oxigenación, te hace tomar conciencia de tu eje a medida que tu vientre va creciendo, te aporta más energía y a su vez un mejor descanso, te da mayor agilidad y disminuye los dolores de espalda, los calambres, el estreñimiento y la falta de aire, entre otros. Al tomar contacto con tu cuerpo verás lo importante que es tu pelvis, cómo puede moverse y abrirse para que tu bebito se enfile a través de ella para nacer.
El hecho de que vos te sientas mejor será beneficioso para tu bebé y su desarrollo en todos los aspectos.
http://inescassagne.wix.com/inaika#!gimnasia-durante-el-embarazo/c2271

EL CURSO:
Aunque todas las mujeres están diseñadas para parir,hay factores que pueden inhibir esa capacidad natural.
En general las embarazadas sienten miedo, angustia, incertidumbre, frente al parto y a la maternidad, y la vorágine de la vida no les permite pensar en ello, lo cuál a veces prefieren, porque detenerse y mirar supone enfrentarse a esas emociones. Mantenerlas tapadas no será beneficioso en el momento de dar a luz. Entrarán en el círculo "temor-tensión-dolor" y no podrán ayudar a su bebé en el trance difícil que tendrá que atravesar.
En las clases tendrán el espacio y el tiempo para conectarse con sus emociones y sentimientos, expresarlos y enfrentarlos. Recibirán la información necesaria para ir disipando las dudas y lo que les asusta.
A medida que pasan las semanas se irán sintiendo mas confiadas: - al conocer las capacidades de su cuerpo
- al adquirir una actitud de apertura, porque sabrán qué les puede tocar y qué hacer en cada situación.
- al poder resignificar el dolor que sentirán, viviéndolo no como sufrimiento sino como un don del cuerpo, que nos dice que nuestro bebé va a nacer y que cada contracción, que podremos manejar con una actitud de entrega, nos acerca cada vez más al momento de verlo y abrazarlo.
-al saber que será capaz de lograr serenidad para enfrentar las dificultades.
Además de conocer su cuerpo, de saber que podrán escucharlo en cada etapa del parto, para moverse y así ayudar y acompañar a su bebé, aprenderán a RELAJARSE mediante el entrenamiento y la repetición de simulacros de parto lo que hará que cuando llegue el momento (empiece el trabajo de parto), en cada contracción, el viraje al estado de relajación se produzca naturalmente, y sin pensarlo siquiera, utilicen la respiración necesaria que necesiten en cada etapa.
Éstos, al ser reflejos condicionados, no se adquieren en poco tiempo. Es por eso que insisto en que son necesarios los 3 meses de preparación, para que sea óptima: para ir incorporando de a poco la información, los cambios físicos y emocionales y las técnicas.

Cuando vienen alumnas que no han podido parar, por variadas razones, y no tienen mucho tiempo para prepararse, obviamente las recibo igual en las clases, porque es claro que es mejor algo que nada, y haremos todo lo que se pueda. Pero es muy difícil incorporar en unas pocas semanas lo que se logra durante 3 meses. Por eso vuelvo a insistir, a quellas parejas que aún están al comienzo se su embarazo:
Tomense el tiempo para parar, conectarse y prepararse!
Ustedes y sus bebés se lo merecen!!!

viernes, 24 de julio de 2015


Por qué es importante prepararte cuando estás embarazada?

Durante el trabajo de parto y el parto necesitarás de los recursos que hayas aprendido y los reflejos condicionados que hayas adquirido, lo cual requiere de tiempo y entrenamiento: Una mente concentrada en focos de interés puntuales:
- en la relajación de tu cuerpo y del periné
-en la manera de respirar en cada momento
- en la forma correcta de pujar
- en tu bebito que se enfila entre los huesos de tu pelvis y en los movimientos de tu cuerpo que le abrirán el paso para que le sea más fácil
-en el deseo del total protagonismo en la vivencia del nacimiento de tu hijo

Conocer tu propia anatomía, interpretar las sensaciones, confiar en tu cuerpo y en tu intuición, saber reconocer cada situación, para estar atenta a tus necesidades y sentir lo que precisás en cada momento: movimiento o quietud. De esta manera podrás utilizar mejor tus recursos (naturales y adquiridos), de forma espontánea, para aliviar el dolor y optimizar el proceso del parto.

Seguramente, con esta actitud, evitarás intervenciones obstétricas; y si por alguna razón fueran inevitables tendrás la apertura y serenidad necesarias para recibirlas sin frustraciones.

martes, 23 de junio de 2015


Durante el embarazo, la preparación también supone descubrir los movimientos de la pelvis, para ir adoptando diferentes posiciones que la liberen, que favorezcan el descenso y nacimiento del bebé.
LA MUJER DISPONE DE HERRAMIENTAS MUY VALIOSAS. Conocerlas, tomar conciencia, practicarlas, será muy importante para ayudar a su bebé en cada etapa, para escuchar e interpretar lo que su cuerpo y su bebito van necesitando a medida que el trabajo de parto avanza, aliviar el dolor, evitar intervenciones obstétricas y hacer que todo sea más fácil y rápido.

viernes, 12 de junio de 2015



Hoy en día la mayoría de las mujeres trabajan. Pueden hacerlo, pero tomando conciencia de que llevan una vida en su vientre. Qué hay más importante que su bebito?
No se fatiguen.
Tómense el tiempo para descansar y relajarse.
Si trabajan mucho tiempo sentadas, pongan las piernas en alto, ayudándose con un banquito, una pila de libros, un papelero dado vuelta..., para no cortar la circulación. Levántense y caminen de vez en cuando.
Si trabajan mucho paradas, pidan una silla, o un banco alto si tienen que dar clase o siéntense en el escritorio.
Tengan algún bocado nutritivo a mano para comer y líquido para hidratarse.
Si tienen que levantar cosas hagánlo poniéndose en cuclillas y no levanten cosas pesadas.
Conversen con las personas de su trabajo para que les tengan la consideración que se merecen.
Descansen todo lo que puedan!
Toménse el tiempo para hacer ejercicio físico y prepararse para el trabajo más importante que es tener y criar a su bebé, ser mamá, ser una nueva esposa y construir su nueva familia!